Sin embargo, esa situación cambió esta semana, cuando los principales comerciantes de granos anunciaron que se retirarían del acuerdo, amenazando no sólo su supervivencia, sino también la promesa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de poner fin a la deforestación en 2030.
El lunes, la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales, que representa a algunos de los mayores comerciantes de esa leguminosa en el mundo, dijo que ya no participaría.
Ambientalistas y funcionarios del gobierno dijeron que, en esencia, la retirada puso fin al acuerdo, aunque ningún participante (Cargill, Cofco International, Bunge, Amaggi y JBS) lo ha declarado formalmente terminado.
Brasil es el mayor productor de soya del mundo y genera alrededor de 40 por ciento de los cultivos globales. El país produjo 171.5 millones de toneladas en la temporada 2024-2025, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. (La Jornada)