Hasta ahora, el espacio frente a la Fontana di Trevi, donde los turistas tradicionalmente se detenían a lanzar monedas y fotografiar el icónico conjunto barroco, era totalmente accesible de forma gratuita. La nueva regulación establece que quienes no residan en Roma o en su área metropolitana deberán abonar una tarifa simbólica, establecida en 2 euros, para ingresar al sector más próximo a la fuente, desde media mañana hasta horas de la noche.
La iniciativa fue presentada por las autoridades municipales como una respuesta directa a los problemas que genera el turismo masivo, que en temporadas altas puede concentrar decenas de miles de personas por día en los alrededores de la fuente. Las congestiones dificultan el tránsito de peatones, presionan la infraestructura urbana y exponen al monumento a un desgaste acelerado, según evaluaciones de especialistas en patrimonio.
¿Cuál es el objetivo de Italia con esta medida?
Desde el gobierno local se argumenta que la recaudación obtenida con estas entradas permitirá financiar el mantenimiento y la conservación del monumento y otras áreas patrimoniales de la ciudad, además de contribuir a mejorar la experiencia de quienes visitan este sitio histórico. La iniciativa busca también fomentar un turismo más ordenado y sostenible, en un contexto donde la presión sobre espacios culturales y naturales ha llevado a varias ciudades europeas a replantear sus modelos de acceso.
La medida incluye exenciones específicas: no deberán pagar la tarifa quienes sean residentes de Roma o de su entorno metropolitano, niños pequeños, personas con discapacidad y sus acompañantes, así como guías turísticos acreditados. Para todos los demás, el pago será requerido para acceder al perímetro frontal de la fuente durante las horas en que la medida esté en vigencia. Fuera de ese horario, y desde sectores más alejados de la plaza, la Fontana di Trevi continuará siendo visible sin costo.
Este cambio también refleja una tendencia creciente en destinos saturados por el turismo, donde las autoridades buscan equilibrar la preservación del patrimonio con la necesidad de sostener la actividad económica que genera el flujo de visitantes. La tarifa para acceder al perímetro de la Fontana di Trevi es un ejemplo concreto de cómo una ciudad milenaria busca adaptarse a los desafíos del turismo global sin renunciar a la apertura de sus espacios culturales. (El Heraldo)